Muchas parejas establecen vínculos de carácter enfermizo, donde la relación se transforma en una jaula de la que parece no haber escapatoria.
Cada vez más, llegan a consulta personas que traen historias de pareja plagadas de sufrimiento. Aman, se entregan, confían pero terminan siendo víctimas de un manejo emocional por parte de su pareja que los transforma paulatinamente en víctimas. Se preguntan qué pasó con el idilio, con el encanto de los primeros tiempos y especialmente, cómo ese otro al que tan bien les parecía conocer se convirtió en una especie de monstruo que los domina y les siembra culpas por cosas que no han hecho.
La respuesta es que han caído en manos de un manipulador o, en una terminología más adecuada, un psicópata.
La personalidad del psicópata se caracteriza en principio por desplegar encantos y seducción, pueden mostrase solícitos e interesados en el otro, pero el objetivo final es conseguir un beneficio propio; ya que el otro no es considerado como sujeto sino como objeto. Y con un objeto se puede ser totalmente inhumano, cruel y posesivo.
Es que otra de las características que define este tipo de personalidad es su falta de empatía con el otro, de comprensión, sin embargo, son lo suficientemente inteligentes como para saber lo que el otro necesita, cuales son sus puntos débiles y desde ahí, manipularlo.
El psicópata se piensa a sí mismo como un héroe, altamente egocéntrico y desafectivo para con los demás, solo persigue la satisfacción personal sobre la que construye los mecanismos manipulativos.
El problema radica en lo difícil que es soltarse del cordón que el psicópata construye alrededor de su pareja, a quien somete precisamente porque sabe exactamente donde atacar. Solo debilitando aún más a quien ya de por sí puede tener una autoestima baja o un pobre concepto de sí mismo, el psicópata consigue establecer un vínculo de tipo utilitario y dependiente, donde el otro siente que no podría vivir sin ese otro que tan mal le hace.
Y se va dejando someter hasta que la relación se convierte en una jaula de la que parece no haber salida. El psicópata no tiene reparos en mentir abiertamente, ya que no siente culpa porque no posee juicio moral.
Y existe una razón aportada desde la neurobiología: su lóbulo prefrontal, donde radica la capacidad de empatía, carece de ésta, o sea, los estímulos que producen reacciones empáticas con los demás, en el psicópata no los producen.
El tema está en buscar ayuda profesional cuando se sospecha que la relación de pareja se ha establecido en estos términos, o sea, victimario y víctima. Mas allá del amor que se pueda sentir por ese otro tan seductor, más allá de los propios mecanismos de personalidad que deriven en ese horrible dicho popular que dice que siempre hay un roto para un descosido, está la posibilidad de comprender y aceptar que todos nos merecemos vínculos afectivos sanos, constructivos, de respeto mutuo, de confianza y seguridad.
O sea, la jaula tiene salida, solo hay que poder y, por supuesto, querer verla para poder hacer algo al respecto.
Lic Luis Formaiano
