PAREJA A
ESTRENAR SE BUSCA
Mecanismos de inmadurez en la relación de pareja
Con frecuencia, en algunas personas, puede observarse
una actitud bastante común: la de comportarse como si fueran los primeros en la vida de alguien, por
ejemplo, de sus parejas. Pero salvo que una pareja se establezca en los años de
adolescencia, ese lugar de ser “el
primero” queda perdido para siempre. Sin embargo, muchos se lo reclaman a
sus parejas adultas y actúan en consecuencia, aún a sabiendas de que es un
imposible.
¿De donde proviene esta necesidad de ser exclusivo,
único, primero? En principio tenemos que retrotraernos a la primera infancia, a
los tiempos en los que como bebés o niños pequeños éramos todo para nuestra
madre. Había un amor asegurado, deseos que se satisfacían, muy baja
frustración, tiempos de espera cortos, en fin, un registro de la realidad de
carácter totalmente irreal, pero coherente con el período evolutivo que se
estaba atravesando.
Al ir creciendo, ese lugar de exclusividad debió ser
resignado, ya por el nacimiento de un hermano, ya por la entrada al mundo de la
socialización, especialmente durante los primeros años de la escuela primaria
donde la maestra ocupaba ese lugar al que se le reclamaba exclusividad, “ser el
mejor de la clase” o el de “la nota más alta” volvía a colocarnos en zona de
privilegio.
Pero cada vez se iba produciendo una distancia mayor
con esa situación primaria, ideal, de los primeros años de vida.
Finalmente, llegamos a la adolescencia, el primer
amor, la primera relación sexual, la primera vez para muchas cosas – ya no como
niños sino como adultos. Y allí puede que se recuperase algo de esa
exclusividad, simbolizada en tantos pactos de amor entre adolescentes. No por
nada, siempre queda un registro de la primera persona con la que hicimos el
amor en nuestra vida, un recuerdo especial de quien nos inició, de quien gozó
de nuestro cuerpo por primera vez.
Entonces, ¿Qué se le demanda a la pareja adulta? Que
se ubique en ese esquema de satisfacción, que no nos frustre, que nos de exclusiva
atención, que nos entrone en un lugar donde no haya cabida para otro, que su
pensamiento sea solo para nosotros... Y allí aparecen los celos, los reproches,
las demandas, la sensación de desplazamiento, aún cuando ese otro – vivido como invasor - no sea más
que un compañero de trabajo o de estudio de nuestra pareja.
Por supuesto que este mecanismo es inconciente, y el
demandante no se da cuenta de que está actuando de manera infantil, buscando
revivir un lazo primitivo, no actual.
Por eso la comunicación en una pareja es fundamental,
para que cuando aparezcan signos de esta índole, en vez de esperar que se
plantee una crisis y tal vez sea demasiado tarde para modificar actitudes, se
pueda razonar como dos adultos sobre qué es lo que cada uno ve en el otro (o
proyecta en el otro) y la pertinencia o no de sus demandas. Poder separar
situaciones concretas del presente de situaciones ilusorias del pasado, ver a
esa pareja como quien es, alguien con individualidad propia, con una historia,
con huellas de otros vínculos, de otros cuerpos. Solo así podremos encarar una
relación de manera adulta y perdurable.
Lic Luis Formaiano





