viernes, 27 de mayo de 2011

ADICCIONES

Toda adicción es un comportamiento compulsivo que tiene características de irrefrenable. ¿Cómo saber si se ha caído presa de una adicción?


Un día, de golpe, uno descubre ciertas modificaciones en su conducta que no puede manejar: éstas pueden ir desde no poder despegarse de la computadora hasta salir de compras y comprar hasta lo innecesario.
Por lo general, hay señales anticipatorias de advertencia, se siente que algo ha variado en intensidad y, como trasfondo, siempre existe una sensación de insatisfacción, aunque no se sabe muy bien qué se necesita satisfacer.
En este mundo globalizado donde nos crean necesidades todo el tiempo, también nos crean frustraciones todo el tiempo, ya que las mas de las veces aquello que se desea no está disponible o es inalcanzable.
Y en pos de llenar el vacío generado por la frustración, empiezan a manifestarse conductas que con el paso del tiempo se van reforzando hasta que quedamos atrapados en un círculo vicioso que siempre vuelve al punto de partida. La “tecnofilia” es una de las más comunes, la visión del mundo que ofrece la computadora, donde virtualmente todo es posible, seduce, secuestra y desvela a más de uno.
Existen millares de páginas de pornografía, pero un adicto a la computadora y a este material en particular, recorrerá cuanta pagina aparezca buscando, esperanzadamente, algo que no sabe muy bien que es. Pero le es imposible despegarse, siempre hay más, hasta el infinito. Y luego de varias horas, que por lo general se le quitan al sueño, terminará yéndose a dormir frustrado pero ansioso porque a la noche retomará esa búsqueda imposible.
En suma, será un comportamiento adictivo todo aquel que sea desmedido hasta el punto de hacerse cargo de nuestra vida sin que podamos hacer mucho para evitarlo, se impone. Y ahí su carácter compulsivo. Y ahí la necesidad de preguntarse, por lo general en un ámbito terapéutico, qué vacío se está intentando llenar con el exceso de pornografía, o de comida, o de trabajo, o de compras.
Este último, además de frustración, genera culpa, porque llega un momento en que no se sabe que hacer con tanta ropa, con tanto libro, con tanta música. Y así como se acumulan objetos también se acumulan deudas. Pero, no se puede parar.
Pero a no alarmarse ya que no cualquiera desarrolla un comportamiento adictivo, generalmente hay antecedentes vinculares tempranos donde juegan factores relacionados con experiencias de satisfacción, tolerancia a la frustración y autoestima.
Volveremos a este tema en otra oportunidad, ya que las adicciones descriptas mas arriba no ponen en peligro al sujeto como sí lo hacen las adicciones a sustancias, por ejemplo. Pero eso será tema de un futuro artículo.
Lic Luis Formaiano

lunes, 2 de mayo de 2011

EL ATAQUE DE CELOS

Cada vez son más frecuentes los casos de parejas que se separan porque uno de los dos cela al otro mas allá de los límites normales


La celotipia es una conducta destructiva, aunque parezca que esta no es una buena manera de comenzar un artículo. Pero tomemos el toro por las astas y admitámoslo, cada vez son más las parejas que están basando su vínculo en la desconfianza.
¿Es bueno celar? Desde una mirada que privilegie la autoestima, un poco de celos no viene mal, hace que uno se sienta valorado, cuidado, protegido imaginariamente hasta de las miradas más lascivas. Pero la contracara está en el sufrimiento de la persona que cela.
Los celos nacen, en principio, de la propia inseguridad. En algún lugar se siente que uno no es lo suficientemente bueno para darle a su pareja todo lo que debiera, entonces, por lógica, es probable que la pareja busque en otro lado aquello que, supuestamente, no recibe.
Esta errónea percepción está basada en la creencia que hay que estar mas de cien por cien para el otro, pero eso es un imposible, se está en todo lo que se pueda, entendiéndose que el otro va a valorar la presencia y el apoyo que uno pueda brindarle, sin olvidar que cada integrante de la pareja tiene una vida propia y necesita un margen de independencia para poder seguir creciendo como sujeto, más allá del crecimiento de ambos como pareja.
También se supone que los celos tienen un carácter proyectivo, quien cela no se atreve a admitir que tal vez alberga el deseo de estar con alguien más. Pero un deseo no implica el paso a la acción, y ¿que sería de nuestras vidas si nos quitasen la posibilidad de fantasear?
A veces, las fantasías provocan reacciones culpógenas, como si de solo pensar en otro, ese otro fuese a materializarse. Toda esta complicada operación mental termina proyectando ese deseo en la pareja y entonces, ya no es uno quien desea a otro sino la propia pareja.
Y allí comienza la búsqueda de pruebas. En otras épocas se revisaba un bolsillo, se olía un perfume no habitual, se interceptaba un llamado.
Hoy día, con los avances tecnológicos, se consiguen claves para ingresar a cuentas de mail o, pero aún, se cuestiona la presencia de ciertas personas en Facebook. Se ha sofisticado la sospecha, pero las pruebas que puedan encontrarse no siempre responderán a la realidad y se el celar se transforma en una obsesión, entonces la amenaza se verá hasta en el repartidor del delivery.
Nuestra mente puede llegar a ser como un caballo desbocado solo si se lo permitimos, tal vez, tendríamos que ejercer un poco más de control sobre nuestros pensamientos y albergar y trabajar sobre uno en especial: la confianza, no solo en uno mismo, como ser valioso, sino en ese otro que ha decidido compartir su vida con nosotros.
Lic Luis Formaiano