Los inconvenientes de armar un hombre a medida.
En el comienzo fue la mirada: un intercambio de palabras, un café y después, la pregunta de rigor: “¿Tenés lugar?”. La evaluación era simple y directa, el encuentro inicial de miradas decidía si se llegaba a la instancia de la pregunta. Además, había una ruta específica a lo largo de cuyo recorrido era posible “hacer un levante.” Pero todo eso fue antes de Internet, antes del msn, antes de la disección y el aplanamiento de las personas, o sea, antes de que éstas se convirtiesen en una fotografía de perfil, con una galería de fotos mostrando “partes.” Sería bueno preguntarse si poniendo todas las partes juntas se puede reconstruir una persona…
Esa pregunta se la hizo Mary Shelley cuando escribió su clásica obra “Frankenstein”, en Junio de 1816. Este relato de literatura gótica plantea la creación de un cuerpo viviente a partir de partes de diferentes cuerpos. La temática estaba acorde con una época en la que en los tratamientos médicos se utilizaba la galvanización y los filósofos se preguntaban sobre el origen de la vida en la tierra. A eso, se le sumaba el mito de Prometeo. Pero el resultado, en el caso de la novela, es el de la creación de un monstruo, si bien esa no había sido la intención original de su creador, quien dice “Sus miembros eran proporcionados, y había elegido sus rasgos como los de un ser hermoso.” Ciento sesenta años después, ese ser hermoso fue corporizado por el teatro primero y por el cine despues: el mito de Frankenstein fue retomado en un espectáculo icónico, el “Rocky Horror Show”, cuya versión cinematográfica dirigió Jim Sharman. Aquí, el monstruo se transformó en un espectacular y musculoso rubio de ojos celestes vestido solo con un ajustado bañador plateado y el Doctor Frankenstein devino un científico travestido, interpretado magistralmente por Tim Curry. Pero aún faltaban dos décadas para que cada uno, desde su casa, y en un casi total anonimato pudiera crear su propio Prometeo – a medida.
E Internet hizo el milagro
En el pasado, la magia consistía en imaginar lo que habría debajo de la ropa de aquel a quien acabábamos de conocer, lo que permitía la posibilidad de poner en marcha algo del orden de la seducción y el erotismo y así, alimentar el deseo. En un encuentro cara a cara era imposible ocultar las imperfecciones, ya que vida no tiene Photoshop. Por lo tanto, el otro era ese a quien veíamos sentado frente nuestro, a quien habíamos elegido al verlo pasar por nuestro lado y girar la cabeza para buscar su mirada y establecer contacto. Al sostener su mirada en la charla de café, al sentir su pierna rozar la nuestra, se construía un circuito imaginario de comunicación que decía más que cualquier palabra. Claro, como los tiempos eran otros, no podía hacerse demasiado despliegue en público, pero, por otro lado, no había demasiado riesgo en invitar al otro a tu casa y hasta proponerle que se quedara a pasar la noche. Todo poseía el intrigante encanto de conocer a alguien paulatinamente, como si se pelara una cebolla y cada capa revelara un aspecto de ese ser de carne y hueso, real, completo.
En la actualidad, la comunicación virtual permite construir al otro a partir de un discurso escrito, una imagen fragmentada y un deseo que ahora tiene la posibilidad de armar el perfil del hombre perfecto. Sabiendo lo que uno quiere, los sitios de encuentro virtuales permiten elegir cada detalle: rango de edad, altura, peso, color de piel, ojos o cabello, rol… eliminando así el factor sorpresa. Si ya está todo dicho y visto desde el comienzo, ¿Qué es lo que sostiene el deseo?
Tal vez habría que pensar en la cantidad de encuentros que terminan en un plantón, porque al llegar a la cita se ve al otro parado en la esquina acordada, pero se descubre que la foto del perfil distaba de ser actual, que el peso no podía ser el declarado – y hasta por los movimientos, seguro que el rol no era el que el perfil indicaba. A la pregunta ¿Esto es lo que elegí por pantalla?, la respuesta era la frustración y el inicio de una nueva búsqueda. Tal vez, ahora, como conclusión, y reflotando la pregunta del párrafo anterior, lo que sostiene el deseo sea simplemente eso: buscar y buscar y buscar, un ideal que está en algún lugar, y que, precisamente por ser ideal, no está en ninguna parte, solo en la virtualidad nuestra de todos los días.
Lic Luis Formaiano
Psicólogo (UBA) - Especialista en Arteterapia (IUNA)
Coordinador del Taller de Arteterapia para pvvs
Miembro fundador Asociación Argentina de Arteterapia
Ilustración: "De cara al mundo", obra de Luis Formaiano
lunes, 17 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
SIN FOTO NO CONTESTO
Sobre algunos de los peligros que plantea el anonimato virtual
Todos coincidimos en que, entre las nuevas formas de relacionarse, la virtualidad ocupa un lugar de privilegio. Privilegio fundamentalmente otorgado por la rapidez en la ejecución de un encuentro, si cierta noche se busca algo rápido, se lo encuentra en un par de clicks sobre perfiles acordes al gusto de cada uno.
Si bien a menudo se publican mensajes que dicen “sin foto no contesto”, la necesidad tiene cara de hereje y cuando el deseo apremia, tal condición puede ser obviada en pos de una rápida satisfacción.
Pero esta rapidez conlleva la posibilidad de caer en una trampa. Con frecuencia se escuchan historias de chicos que han concurrido a un encuentro o que han recibido a alguien en su casa y que, luego de un período en el que no recuerdan qué sucedió, despiertan en la cama de un hospital sufriendo los efectos de una poderosa droga.
Dicha droga se llama Escopolamina y es un alcaloide tropánico que se halla presente en una amplia variedad de plantas. Suministrada en altas dosis puede producir desde delirios hasta parálisis y, en casos extremos, la muerte. Pero el efecto más peligroso es el de la amnesia.
Los efectos de esta droga, en cantidades mínimas, producen dificultad para tragar y hablar, hipertensión, alta temperatura, episodios de ceguera y, como se mencionó anteriormente, falta de registro o amnesia temporal.
Se han reportado casos de sujetos que recuerdan haber estado hablando con la persona que acababan de conocer y de pronto, no saben cómo, despertaron tirados en el suelo de su departamento al día siguiente. También se conocieron casos en los que se hallaban en un café y también sin saber cómo, despertaron en su departamento; pero, en ambas situaciones, el departamento había sido vaciado…
Es que la Escopolamina puede ser fácilmente disuelta en bebidas, mezclada con alimentos o incluida en un cigarrillo de los que se enrollan. Debe descartarse el mito que ha circulado respecto a que papeles, volantes u objetos impregnados con la droga – como un pañuelo sacudido frente a la potencial víctima- producen el fatídico resultado que lleva a un robo. La droga tiene que ser ingerida o inhalada para ser efectiva.
Pero, una vez acontecido el hecho, ¿Cómo se localiza al delincuente? En realidad, es casi imposible. Un nick es simplemente eso, un nick, detrás del cual puede haber un nombre, que puede ocultar otro nombre y hasta las señas descriptas en el perfil pueden ser modificadas y las fotos cambiadas “disolviendo”, como por arte de magia, a aquel con el que se tuvo la fatídica cita.
Muchos seguramente conocemos a alguien a quien le ha ocurrido esto, solo se trata de estar atento y ser precavido ante un encuentro que pudo haberse concretado en minutos, pero que deja secuelas que duran varios días y una sensación de vulnerabilidad y exposición que, a menudo, solo se comparte con un reducido grupo de amigos. Porque, en realidad, ¿quién podría llegar a entender lo que somos capaces de hacer cuando el deseo apremia?
Lic Luis Formaiano
Psicólogo (UBA) - Arteterapeuta (IUNA)
Coordinador del taller de arteterapia para pvvs
Miembro Fundador Asociación Argentina de Arteterapia
Todos coincidimos en que, entre las nuevas formas de relacionarse, la virtualidad ocupa un lugar de privilegio. Privilegio fundamentalmente otorgado por la rapidez en la ejecución de un encuentro, si cierta noche se busca algo rápido, se lo encuentra en un par de clicks sobre perfiles acordes al gusto de cada uno.
Si bien a menudo se publican mensajes que dicen “sin foto no contesto”, la necesidad tiene cara de hereje y cuando el deseo apremia, tal condición puede ser obviada en pos de una rápida satisfacción.
Pero esta rapidez conlleva la posibilidad de caer en una trampa. Con frecuencia se escuchan historias de chicos que han concurrido a un encuentro o que han recibido a alguien en su casa y que, luego de un período en el que no recuerdan qué sucedió, despiertan en la cama de un hospital sufriendo los efectos de una poderosa droga.
Dicha droga se llama Escopolamina y es un alcaloide tropánico que se halla presente en una amplia variedad de plantas. Suministrada en altas dosis puede producir desde delirios hasta parálisis y, en casos extremos, la muerte. Pero el efecto más peligroso es el de la amnesia.
Los efectos de esta droga, en cantidades mínimas, producen dificultad para tragar y hablar, hipertensión, alta temperatura, episodios de ceguera y, como se mencionó anteriormente, falta de registro o amnesia temporal.
Se han reportado casos de sujetos que recuerdan haber estado hablando con la persona que acababan de conocer y de pronto, no saben cómo, despertaron tirados en el suelo de su departamento al día siguiente. También se conocieron casos en los que se hallaban en un café y también sin saber cómo, despertaron en su departamento; pero, en ambas situaciones, el departamento había sido vaciado…
Es que la Escopolamina puede ser fácilmente disuelta en bebidas, mezclada con alimentos o incluida en un cigarrillo de los que se enrollan. Debe descartarse el mito que ha circulado respecto a que papeles, volantes u objetos impregnados con la droga – como un pañuelo sacudido frente a la potencial víctima- producen el fatídico resultado que lleva a un robo. La droga tiene que ser ingerida o inhalada para ser efectiva.
Pero, una vez acontecido el hecho, ¿Cómo se localiza al delincuente? En realidad, es casi imposible. Un nick es simplemente eso, un nick, detrás del cual puede haber un nombre, que puede ocultar otro nombre y hasta las señas descriptas en el perfil pueden ser modificadas y las fotos cambiadas “disolviendo”, como por arte de magia, a aquel con el que se tuvo la fatídica cita.
Muchos seguramente conocemos a alguien a quien le ha ocurrido esto, solo se trata de estar atento y ser precavido ante un encuentro que pudo haberse concretado en minutos, pero que deja secuelas que duran varios días y una sensación de vulnerabilidad y exposición que, a menudo, solo se comparte con un reducido grupo de amigos. Porque, en realidad, ¿quién podría llegar a entender lo que somos capaces de hacer cuando el deseo apremia?
Lic Luis Formaiano
Psicólogo (UBA) - Arteterapeuta (IUNA)
Coordinador del taller de arteterapia para pvvs
Miembro Fundador Asociación Argentina de Arteterapia
jueves, 6 de enero de 2011
EL DESEO EN LA PAREJA
Cuando una pareja se ha mantenido por muchos años, las más de las veces la atracción sexual inicial parece declinar. Muchas parejas sienten que sin sexo la relación pierde intensidad. ¿Acaso el amor no alcanza? Amor y sexo, ¿entonces van de la mano? Este artículo intenta explorar estas dos variables que provocan fluctuaciones en toda pareja y que en muchos casos pueden contribuir a su disolución.
Consumidos por el fuego
Esa química tan especial que hace que una persona sea atractiva para otra, se consuma en la relación sexual. La primera pregunta que surge es: ¿tener sexo es lo mismo que hacer el amor? Creo que tener sexo puede ser visto como la satisfacción de una necesidad biológica, un desahogo, hacer el amor incluye componentes de ternura que hace que esa relación sexual sea especial y diferente de otras. Y si hacemos el amor y hay ternura, hay posibilidades de que algo germine más allá de lo físico.
En los inicios de una pareja, el sexo tiene visos de descubrimiento y exploración mutua, no solo de los gustos de nuestro/a compañer@ sino del territorio que ha comenzado a desplegarse en nuestra cama con regularidad. Ese otro cuerpo, a imagen y semejanza del nuestro, con los mismo órganos genitales que el nuestro, pero con características propias, es como un espejo en el que podemos reconocernos y reaprehendernos como sujetos.
Las primeras relaciones sexuales de una pareja se caracterizan por la frecuencia, cada noche parece querer avanzarse un capítulo más de este inmenso libro que es la vida y las particularidades de quien se ha convertido en nuestra pareja.
Paulatinamente, la pareja va incorporando elementos de su medio que la matizan y así, va creciendo y cimentándose, tejiendo una historia común donde el deseo se mantiene pero ya no es el único conector, como lo fue en sus inicios.
Este, por supuesto, no es un único modelo de inicio de pareja, hay quienes prefieren una fase de conocimiento que no involucre al cuerpo y solo despues de algún tiempo, acceden a tener una relación sexual.
Reciclaje
En un período que no puede ser definido temporalmente ya que depende de las características de cada pareja en particular, el paso del tiempo comienza a influir en el deseo. Este empieza a declinar, el amor se sostiene, la atracción sigue estando, pero las “ganas de hacer el amor” se espacian y muchas veces caen abruptamente. ¿Qué está sucediendo? Lo que era de esperarse, el deseo nunca puede sostener su intensidad de manera indefinida, necesariamente se modifica y cada uno deberá encontrar nuevas formas para seguir manteniéndolo vivo. El deseo es una fuerza de empuje, un motor, que posee tantas diversificaciones como intereses tenga el ser humano, puede focalizarse en un único aspecto durante un tiempo, pero después pide más, pide abrirse, e incorporar nuevas formas de satisfacción (en realidad es condición necesaria que encuentre satisfacción en otras áreas, sino no podrá haber crecimiento personal). Hay que reinventar el deseo por el otro/la otra, pero, por sobre todo, este tema debe ser hablado por la pareja – como cualquier otro tema que ataña a su continuidad –ya que una pareja ya que muchas veces esta disminución del deseo, imaginariamente, se percibe como una disminución de afecto.
Redescubriendo el territorio
Pero no solo el deseo sufre modificaciones, los cuerpos, el aspecto físico, también cambia y esto hace necesario “revisitarlos”, algo que se hace de a dos. Es como volver a un lugar en el que no hemos estado por mucho tiempo y clama por una nueva mirada. Encontrar la reconexión con un territorio conocido pero cuya geografía se ha modificado lleva a redescrubrirlo, con nuestras manos, con nuestros labios, y, por que no, cambiándolo de contexto. Una noche en un hotel, despues de una salida especial es una alternativa interesante. En otros casos, funciona incorporar “juguetes eróticos” que permiten instalar un espacio lúdico-sexual. Pero se haga lo que se haga, nunca hay que perder de vista que el sexo es una parte más de la relación, nunca la principal. Cuando dos vidas deciden unirse para llevar a cabo un proyecto de pareja, el amor es siempre el sostén primordial, con todo lo que trae consigo: respeto, tolerancia, capacidad de espera, comprensión.
El deseo sexual que clama por satisfacción inmediata, el “sexo express” de por vida, puede ser pensado como una compulsión que reactualiza formas de satisfacción muy primarias. Por supuesto que también es válido como modelo de vida, pero no permite “construir”, es viajar sin llegar nunca y por eso, la queja que frecuentemente se escucha sobre la sensación de vacío que en general sigue a cada encuentro. Este modelo y la incorporación de terceros a una pareja (la pareja abierta) serán tema de próximas notas.
Lic Luis Formaiano
Psicólogo Clínico (UBA) – Arte Terapeuta (IUNA)
Coordinador de los talleres de Arte Terapia para pvvs en Buenos Aires
Miembro Fundador Asociación Argentina de Arteterapia
Consumidos por el fuego
Esa química tan especial que hace que una persona sea atractiva para otra, se consuma en la relación sexual. La primera pregunta que surge es: ¿tener sexo es lo mismo que hacer el amor? Creo que tener sexo puede ser visto como la satisfacción de una necesidad biológica, un desahogo, hacer el amor incluye componentes de ternura que hace que esa relación sexual sea especial y diferente de otras. Y si hacemos el amor y hay ternura, hay posibilidades de que algo germine más allá de lo físico.
En los inicios de una pareja, el sexo tiene visos de descubrimiento y exploración mutua, no solo de los gustos de nuestro/a compañer@ sino del territorio que ha comenzado a desplegarse en nuestra cama con regularidad. Ese otro cuerpo, a imagen y semejanza del nuestro, con los mismo órganos genitales que el nuestro, pero con características propias, es como un espejo en el que podemos reconocernos y reaprehendernos como sujetos.
Las primeras relaciones sexuales de una pareja se caracterizan por la frecuencia, cada noche parece querer avanzarse un capítulo más de este inmenso libro que es la vida y las particularidades de quien se ha convertido en nuestra pareja.
Paulatinamente, la pareja va incorporando elementos de su medio que la matizan y así, va creciendo y cimentándose, tejiendo una historia común donde el deseo se mantiene pero ya no es el único conector, como lo fue en sus inicios.
Este, por supuesto, no es un único modelo de inicio de pareja, hay quienes prefieren una fase de conocimiento que no involucre al cuerpo y solo despues de algún tiempo, acceden a tener una relación sexual.
Reciclaje
En un período que no puede ser definido temporalmente ya que depende de las características de cada pareja en particular, el paso del tiempo comienza a influir en el deseo. Este empieza a declinar, el amor se sostiene, la atracción sigue estando, pero las “ganas de hacer el amor” se espacian y muchas veces caen abruptamente. ¿Qué está sucediendo? Lo que era de esperarse, el deseo nunca puede sostener su intensidad de manera indefinida, necesariamente se modifica y cada uno deberá encontrar nuevas formas para seguir manteniéndolo vivo. El deseo es una fuerza de empuje, un motor, que posee tantas diversificaciones como intereses tenga el ser humano, puede focalizarse en un único aspecto durante un tiempo, pero después pide más, pide abrirse, e incorporar nuevas formas de satisfacción (en realidad es condición necesaria que encuentre satisfacción en otras áreas, sino no podrá haber crecimiento personal). Hay que reinventar el deseo por el otro/la otra, pero, por sobre todo, este tema debe ser hablado por la pareja – como cualquier otro tema que ataña a su continuidad –ya que una pareja ya que muchas veces esta disminución del deseo, imaginariamente, se percibe como una disminución de afecto.
Redescubriendo el territorio
Pero no solo el deseo sufre modificaciones, los cuerpos, el aspecto físico, también cambia y esto hace necesario “revisitarlos”, algo que se hace de a dos. Es como volver a un lugar en el que no hemos estado por mucho tiempo y clama por una nueva mirada. Encontrar la reconexión con un territorio conocido pero cuya geografía se ha modificado lleva a redescrubrirlo, con nuestras manos, con nuestros labios, y, por que no, cambiándolo de contexto. Una noche en un hotel, despues de una salida especial es una alternativa interesante. En otros casos, funciona incorporar “juguetes eróticos” que permiten instalar un espacio lúdico-sexual. Pero se haga lo que se haga, nunca hay que perder de vista que el sexo es una parte más de la relación, nunca la principal. Cuando dos vidas deciden unirse para llevar a cabo un proyecto de pareja, el amor es siempre el sostén primordial, con todo lo que trae consigo: respeto, tolerancia, capacidad de espera, comprensión.
El deseo sexual que clama por satisfacción inmediata, el “sexo express” de por vida, puede ser pensado como una compulsión que reactualiza formas de satisfacción muy primarias. Por supuesto que también es válido como modelo de vida, pero no permite “construir”, es viajar sin llegar nunca y por eso, la queja que frecuentemente se escucha sobre la sensación de vacío que en general sigue a cada encuentro. Este modelo y la incorporación de terceros a una pareja (la pareja abierta) serán tema de próximas notas.
Lic Luis Formaiano
Psicólogo Clínico (UBA) – Arte Terapeuta (IUNA)
Coordinador de los talleres de Arte Terapia para pvvs en Buenos Aires
Miembro Fundador Asociación Argentina de Arteterapia
miércoles, 5 de enero de 2011
ASUMIENDO TU SEXUALIDAD SIN MIEDOS
“¿Ser como siento que quiero ser o no ser como siento que quiero ser? Esa es la cuestión.” Parafraseando a Shakespeare nos encontramos con un dilema que se plantea en términos mucho más amplios: elegir la vida que quiero vivir asumiendo mi sexualidad sin miedos.
Introducción
Elegir la vida que quiero vivir es una tarea nada fácil si consideramos cuánto nos condiciona la sociedad en la que vivimos, aunque el primer condicionamiento parte de nuestro grupo familiar primario: nuestros padres.
Ellos depositan en cada hijo un ideal y un mandato: el nene será como su padre, crecerá, se pondrá de novio, se casará y tendrá un hijo que perpetúe el apellido. La nena, seguirá el mismo recorrido, y cumplirá con el rol que supuestamente toda mujer anhela desempeñar: ser madre.
Cuando este plan no se cumple, los padres se preguntan: ¿en qué fallamos?
En realidad no se trata de repartir culpas ni responsabilidades sino de entender que ese hijo/a que han traído al mundo es un ser autónomo, que algún día tendrá la capacidad de decidir por sí mism@ qué clase de vida quiere tener, qué clase de sexualidad quiere vivir.
Pero, la pregunta que se hacen los padres, repercute en los hijos – si éstos asumen una sexualidad distinta a la esperada - generando una culpa que, en muchos casos, los obliga a construirse una máscara y desempeñar un rol que no sienten como propio.
¿Cuántos hombres y mujeres se han casado y procreado para sostener un ideal? ¿Cuántos, como consecuencia de este acto, se han desdoblado y se han visto compelidos a vivir una doble vida? ¿Cuántos, a partir de esta frustración, han hecho propio un discurso ajeno, de carácter homofóbico?
Y todo por sostener un ideal que ni siquiera es el propio.
Soy como soy
La sociedad actual no es la misma sociedad en que crecieron nuestros padres, pero si bien ha evolucionado, en el terreno de la sexualidad todavía hay muchas batallas por librar: Sin embargo, hoy día, “asumirte” o “salir del closet” es mucho menos traumático – a nivel social – de lo que era en un pasado no tan lejano.
Asumir tu sexualidad es un proceso, a veces lento, que comienza con la propia aceptación, que generalmente se da luego de un período exploratorio. Si sos hombre y te gusta otro hombre, o si sos mujer y te sentís atraída por otra mujer, no sos diferente, sos singular, y reafirmarte en esa singularidad es fortalecerte como dueñ@ de tu propia vida.
Y en tanto dueñ@ de tu propia vida no es necesario que corras a contarle a papá y mamá que los planes que ellos tenían para vos no van a poder cumplirse, al menos en los términos en que ellos esperaban que se cumpliesen.
Siempre va a llegar el momento álgido en que uno de tus padres te pregunte: ¿en qué andas? Es tu prerrogativa decidir contarles en ese momento o postergarlo para otra oportunidad. Primero tenés que haberte aceptado vos mism@, así, sin reservas, sin miedos, sin culpas.
Por lo general, el primer receptor de tu confesión puede ser un amigo íntimo; si te rechaza, entonces no era tan amigo como decía ser: ninguna amistad puede estar condicionada por la variable de la orientación sexual. Vos sos mucho más que tu sexualidad, aunque ésta permee toda tu existencia.
Paulatinamente, vas a encontrar espacios en los cuales compartir tus propias experiencias y escuchar las experiencias de otros, eso va a ayudarte a fortalecerte porque vas a comprender que no estás sol@, que hay much@s que están haciendo tu mismo recorrido.
El miedo es una construcción imaginaria, por lo general paralizante, que tiene más que ver con voces y discursos internalizados (muchos de los cuales forman la base del Super Yo), con un “deber ser” teñido de moralina. Lo que cuenta es tu deseo, allí no hay posibilidad de máscara, el deseo es el motor que nos mueve a todos y no hay manera de engañarlo (aunque sí hay muchas maneras de engañarte, pretendiendo, por miedo, que el deseo no está puesto donde sentís que está puesto).
Por eso, sos libre de elegir cómo y con quién querés vivir tu sexualidad y de asumirla sin miedos, con todo lo que eso implica, de cara a la sociedad, una sociedad que cada vez más, está considerando nuevos modelos de familia.
Lic Luis Formaiano
Psicólogo Clínico (UBA) – Arte Terapeuta (IUNA)
Coordinador de los talleres de Arte Terapia para pvvs en Buenos Aires
Miembro Fundador Asociación Argentina de Arte Terapia
Introducción
Elegir la vida que quiero vivir es una tarea nada fácil si consideramos cuánto nos condiciona la sociedad en la que vivimos, aunque el primer condicionamiento parte de nuestro grupo familiar primario: nuestros padres.
Ellos depositan en cada hijo un ideal y un mandato: el nene será como su padre, crecerá, se pondrá de novio, se casará y tendrá un hijo que perpetúe el apellido. La nena, seguirá el mismo recorrido, y cumplirá con el rol que supuestamente toda mujer anhela desempeñar: ser madre.
Cuando este plan no se cumple, los padres se preguntan: ¿en qué fallamos?
En realidad no se trata de repartir culpas ni responsabilidades sino de entender que ese hijo/a que han traído al mundo es un ser autónomo, que algún día tendrá la capacidad de decidir por sí mism@ qué clase de vida quiere tener, qué clase de sexualidad quiere vivir.
Pero, la pregunta que se hacen los padres, repercute en los hijos – si éstos asumen una sexualidad distinta a la esperada - generando una culpa que, en muchos casos, los obliga a construirse una máscara y desempeñar un rol que no sienten como propio.
¿Cuántos hombres y mujeres se han casado y procreado para sostener un ideal? ¿Cuántos, como consecuencia de este acto, se han desdoblado y se han visto compelidos a vivir una doble vida? ¿Cuántos, a partir de esta frustración, han hecho propio un discurso ajeno, de carácter homofóbico?
Y todo por sostener un ideal que ni siquiera es el propio.
Soy como soy
La sociedad actual no es la misma sociedad en que crecieron nuestros padres, pero si bien ha evolucionado, en el terreno de la sexualidad todavía hay muchas batallas por librar: Sin embargo, hoy día, “asumirte” o “salir del closet” es mucho menos traumático – a nivel social – de lo que era en un pasado no tan lejano.
Asumir tu sexualidad es un proceso, a veces lento, que comienza con la propia aceptación, que generalmente se da luego de un período exploratorio. Si sos hombre y te gusta otro hombre, o si sos mujer y te sentís atraída por otra mujer, no sos diferente, sos singular, y reafirmarte en esa singularidad es fortalecerte como dueñ@ de tu propia vida.
Y en tanto dueñ@ de tu propia vida no es necesario que corras a contarle a papá y mamá que los planes que ellos tenían para vos no van a poder cumplirse, al menos en los términos en que ellos esperaban que se cumpliesen.
Siempre va a llegar el momento álgido en que uno de tus padres te pregunte: ¿en qué andas? Es tu prerrogativa decidir contarles en ese momento o postergarlo para otra oportunidad. Primero tenés que haberte aceptado vos mism@, así, sin reservas, sin miedos, sin culpas.
Por lo general, el primer receptor de tu confesión puede ser un amigo íntimo; si te rechaza, entonces no era tan amigo como decía ser: ninguna amistad puede estar condicionada por la variable de la orientación sexual. Vos sos mucho más que tu sexualidad, aunque ésta permee toda tu existencia.
Paulatinamente, vas a encontrar espacios en los cuales compartir tus propias experiencias y escuchar las experiencias de otros, eso va a ayudarte a fortalecerte porque vas a comprender que no estás sol@, que hay much@s que están haciendo tu mismo recorrido.
El miedo es una construcción imaginaria, por lo general paralizante, que tiene más que ver con voces y discursos internalizados (muchos de los cuales forman la base del Super Yo), con un “deber ser” teñido de moralina. Lo que cuenta es tu deseo, allí no hay posibilidad de máscara, el deseo es el motor que nos mueve a todos y no hay manera de engañarlo (aunque sí hay muchas maneras de engañarte, pretendiendo, por miedo, que el deseo no está puesto donde sentís que está puesto).
Por eso, sos libre de elegir cómo y con quién querés vivir tu sexualidad y de asumirla sin miedos, con todo lo que eso implica, de cara a la sociedad, una sociedad que cada vez más, está considerando nuevos modelos de familia.
Lic Luis Formaiano
Psicólogo Clínico (UBA) – Arte Terapeuta (IUNA)
Coordinador de los talleres de Arte Terapia para pvvs en Buenos Aires
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