Siempre se habla de “salir del closet”, pero ¿quién nos metió ahí en
primer lugar?
El título de
este artículo es un juego de palabras entre dos términos opuestos: encorsetado y enclosetado, aunque podrá arguirse que éste último no existe como
tal en el diccionario. Y es verdad, pero lo he tomado de un paciente que lo
utilizó varias veces en sesión. Más que salir del closet, este término, implica
sacarse el closet de encima. Interesante variación si la pensamos con
detenimiento.
Si bien popularmente
sabemos de la necesidad de “salir del closet” en una de sus variaciones como lo
es “asumirse” o “blanquear la preferencia sexual”, en este caso, se plantea la
posibilidad de pensar que uno haya sido puesto dentro del closet y no
precisamente por su propia voluntad.
El paciente en
cuestión refería al excesivo tratamiento amoroso de su madre y la descalificación
permanente por parte de su padre: el mensaje era algo así como, “quiero que seas el niño dulce y sensible de
mamá ya que de ninguna manera alcanzarás el estatus de hombre recio que tiene
papá.”
Es como una
cruel jugada de condicionamientos hacia la debilidad de carácter y la falta de
templanza a la hora de salir a defender lo propio. Si esto ocurre durante la
temprana infancia, se forja un carácter de una cierta “delicadeza”, lo que en la
década del 60 se expresaba en términos como “un chico fino,” o sea,
una “loca en potencia.”
Por supuesto
que esto no es de ninguna manera una generalización, han de conjugarse múltiples
factores, uno de ellos, por ejemplo, puede deberse al hecho de que ambos padres
hayan deseado tener un bebe de sexo femenino, por lo que la crianza del
varoncito se hará según los cánones de la crianza femenina. Encontraremos un
chiquito vestido de punta en blanco todo el tiempo, con gusto por lecturas
tempranas, poca pulsión de juego, un muñequito de carne y hueso que se perderá
entre los pliegos de la pollera de su mamá. O sea, el niño “encorsetado” al que
hacía mención más arriba.
El padre será
un territorio extranjero, un ideal que le estará vedado alcanzar porque ninguna
nena aspira a ser como su padre, al menos, no como temprano modelo de
identificación.
Entonces, si
bien la homosexualidad está multideterminada, en este caso en particular, se
trata de un posible factor predisponente.
En un sujeto homosexual
adulto con dificultades para asumir su homosexualidad solo conocemos la versión
que este nos da de su infancia, donde por lo general prima la culpa por sentir
que en algo le ha fallado a los padres, pero esa culpa no se asocia a los
recuerdos de cómo era el tratamiento que ese sujeto, cuando niño, recibía por
parte de sus padres y que pudo actuar como condicionante. Por lo tanto, se parcializa
la historia personal y se focaliza en la permanencia dentro del closet, como
barrera que sostiene la culpa, pero también como lugar de protección, donde se
siente que quedándose allí, no se está traicionando el deseo de nadie. Pero no
es verdad, se está traicionando el deseo más importante, el propio.
Lic Luis
Formaiano
