Este segundo artículo sobre adicciones se centra sobre el consumo de drogas y sus terribles consecuencias físicas y psíquicas que, en muchos casos conllevan riesgo de muerte.
La reciente muerte de la cantante Británica Amy Winehouse volvió a poner sobre el tapete una adicción padecida por millones, especialmente jóvenes: la adicción a todo tipo de drogas y sustancias que contribuyen a la alteración de los estados de conciencia.
En el caso de Winehouse y de tantas figuras famosas que han caído presas del consumo, uno se pregunta cómo quien supuestamente lo tiene todo, llámese fama, éxito, dinero; necesita aún algo más, y nunca nada parece alcanzar.
La respuesta es que ninguna de esas cosas vacuna contra el vacío y la droga es un recurso artificial que permite plantarse frente al mundo cuando dentro de la persona solo hay abismo. Tanto la frustración que produce la carencia como el exceso de satisfacción que produce tenerlo todo son por lo general el terreno ideal sobre el que se despliega una adicción. En la base se encuentra una escasa tolerancia a la frustración y una prevalencia del principio del placer sobre el principio de realidad.
Pero hay algo más, un agujero primario ocasionado por carencias tempranas que lleva a una sensación de desvalorización permanente.
Vivir con un adicto puede ser una experiencia terrible, ya que ninguna ayuda parece ser suficiente. Por lo general, a varias internaciones para desintoxicación, le siguen largas temporadas en granjas de recuperación. Lo que no es garantía de que no vaya a reincidir.
El mayor problema es que en muchas parejas el otro puede terminar siendo arrastrado al consumo, algo que generalmente hace por amor. Lo que se pierde de vista es lo enfermizo del lazo afectivo. Por eso es importante no perder la perspectiva: la adicción a las drogas es una patología y necesita tratamiento.
Quien consume por lo general sostiene la creencia de que puede dejar cuando quiera, que tiene pleno control sobre la situación, cuando en realidad es prisionero de la sustancia, además de desarrollar sólidos mecanismos de negación junto con la obnubilación de su conciencia moral, donde la mentira es solo el principio de la serie de factores que conforman la trama de esta patología.
Un riesgo adicional y que no es menor, pasa por compartir agujas, ya que esta es una de las vías de transmisión del virus del VIH.
Quien consume es solo un aspecto de un fenómeno complejo, donde lo individual se entronca con lo social y lo económico.
La droga es un negocio para muchos, que viven a costa del sufrimiento de quienes, tal vez, no cuentan con recursos internos suficientes para encarar la vida. Por eso es importante no discriminar al drogadicto, sino ofrecerle una red de contención y cuidado que lo rescate de su propio infierno personal.
Lic Luis Formaiano
