domingo, 20 de febrero de 2011

YO Y MI OTRO YO

La película “Cisne Negro” (Black Swan) – actualmente en cartel - muestra el lado más oscuro de la personalidad de un sujeto, ese otro yo que convive dentro nuestro y que, cuando no lo asumimos, puede traernos funestas consecuencias.

La bailarina que protagoniza la película ha tenido una rígida educación, su madre le recuerda que ha sacrificado su carrera para tenerla, y así, no deja de pasarle factura todo el tiempo, manteniéndola en un estado de virtual inocencia, casi como una pequeña niña.
La joven es un ejemplo de castidad y buena conducta, se presenta a una audición para El Lago de los Cisnes y obtiene el papel, pero falta algo, su “cisne negro,” su lado oscuro, su otro yo. Es aquí donde la película recuerda al cine de Polanski, ya que su negación desencadena alucinaciones visuales altamente perturbadoras y excelentemente logradas por el director.
Ese otro yo, que tanto rechaza y teme experimentar, aparece encarnado en la figura de una supuesta rival con quien fantasea una explícita escena de sexo lésbico. Pero esta contra cara de su bondad, también sufre los embates de su furia, originada por no poder ser completa, integrando en sí sus aspectos luminosos y sus aspectos oscuros. Y esto la lleva a lastimar y lastimarse.
Esta integración es una tarea que a todos nos compete en algún momento de nuestras vidas. Por lo general, aquello que tendemos a criticar o resaltar negativamente en el otro, es lo que no podemos reconocer en nosotros mismos, porque de hacerlo, creemos que podría destruirnos o restarnos valor ante nosotros mismos y ante los otros. Esta es la sombra que teoriza Carl G. Jung.
El tema que plantea la película no es menor, solo que la lucha encarnizada por seguir siendo buena termina alejando al personaje de sí misma, de su entorno y de la energía vital. Aún siguiendo duros mandatos maternos o paternos, no podemos crecer y evolucionar como personas sino lo hacemos de forma completa, esto es, con nuestra luz y nuestra oscuridad.
Podemos ir un paso más lejos aún, y, a partir de este concepto, tomar la homofobia como el temor a integrar aspectos “supuestamente oscuros” de nuestra personalidad.
Y precisamente, sorprende comprobar que la homofobia se encuentra más extendida en el ambiente gay que en el heterosexual, donde de alguna manera sería más comprensible: ¿a qué “macho” le gusta admitir que podría desear a otro hombre?, pero ¿porqué un sujeto gay tantas veces critica y rechaza a sus propios pares?. En otro artículo volveré al tema de la homofobia.
Pero ahora, ampliando aún más el concepto, es importante tener en cuenta que todo aquello que no estemos dispuestos a integrar será percibido como algo extraño y censurable, no permitiéndonos sentirnos completos y realizados como sujetos. No puede haber paraíso sin infierno, y la negación sostenida de ese infierno puede ocasionar que éste irrumpa desmesuradamente en nuestra vida, como le sucede al personaje de la película, cuyo destino final no voy a revelar, ya que recomiendo ampliamente que la vean y saquen sus propias conclusiones.

Lic Luis Formaiano
Psicólogo (UBA) - Arteterapeuta (IUNA)
Coordinador del Taller de Arteterapia para pvvs en Buenos Aires
Miembro Fundador Asociación Argentina de Arteterapia

domingo, 13 de febrero de 2011

MAMITA QUERIDA

¿Se puede decir que el varón gay tiene una relación especial con su madre? Este artículo explora la validez o no de tal afirmación.

Días pasados vi una película que me habían recomendado cuando estuve en España “Madre Amadísima”, un film Andaluz de Pilar Távora que – no exenta de estereotipos – explora la relación de un sujeto
gay con su madre, desde la infancia hasta la edad adulta, y termina, en un final conmovedor, demostrando que la Vírgen María o cualquiera de sus variaciones, es la representación y el lugar donde más vivo se halla el arquetipo materno.
Tal vez decir que un gay tiene una relación especial con su madre sea una generalización un tanto absurda. Creo que todo hombre, independientemente de su orientación sexual, tiene a su madre en un pedestal. La cultura popular nos aporta frases como “Con mi vieja no te metas”, o “Nadie cocina como mi vieja.” En muchos matrimonios, la esposa termina siendo una especie de copia carbónica de tantas madres que cocinan, lavan, planchan y crian hijos como nadie más podría hacerlo.
Claro, en el caso del varón gay, la relación con su madre tiene características especiales: si es hijo único, será quien se encargue de cuidar a su madre en su vejez, si tiene hermanos, al ser soltero, será quien se encargue de la misma tarea. De una u otra manera, se espera que el hijo gay se haga cargo, con las limitaciones a su propia vida privada que esto supone.
Si no lo hace, la sociedad lo condena y dice que es un hijo desagradecido, pero ¿es tan así? ¿Se puede condenar a alguien porque tiene una vida propia?.
Esa hermana o hermano casados por lo general se lavan las manos, asumiendo que su hermano gay se puede ocupar de todo ya que no tiene hijos que criar o una casa que llevar adelante. Pero se equivocan. Ni hay que tener hijos ni hay que tener la responsabilidad de llevar una casa adelante. Solo se trata de vivir. De vivir la propia vida con las coordenadas que esta tenga, incluyendo más o menos elementos, sin por eso ser mas valiosa y digna de consideración.
Y en estos tiempos, en los que la Ley de Matrimonio Igualitario ha cambiado tanto las cosas, el hijo varón gay, de hecho, tiene una familia propia, ahora legitimizada por ley. Por mucho que a ciertas personas les cueste asumirlo.
Volviendo a la película que mencionaba al comienzo del artículo, muchos se sentirán identificados con el personaje, ya que, en su adolescencia es llamado para cumplir el servicio militar en la España Franquista. Un interesante paralelo con nuestra propia dictadura militar, con la diferencia que la película no entra en el tema de las persecuciones, que bien hemos sufrido aquí – y no solo por orientación sexual – desde mediados de la década de los 70.
Creo que este es un tema que invita a la reflexión permanente porque no solo se trata de pensar el rol del hijo varón gay en la constelación familiar sino también su evolución, gracias a las leyes, en una sociedad que parece ser cada vez mas tolerante. Por lo que será necesario redefinir este rol, no solo el del hijo varón – único o con hermanos – con su madre, sino también con la sociedad en general. Recomiendo la visión de “Madre Amadísima”, estoy seguro que muchos encontrarán aspectos de su propia historia en la película.

Lic Luis Formaiano

lunes, 7 de febrero de 2011

EL DISCRETO ENCANTO DE LAS PERVERSIONES – PRIMERA PARTE

¿Qué son las perversiones? ¿A qué se considera una conducta perversa? Obviamente, el concepto ha cambiado mucho a través de los años, y ciertas conductas que habían sido calificadas como perversas en su época (la homosexualidad, por ejemplo), ya no lo son. ¿Cayeron en desuso las teorizaciones hechas por Freud hace más de un siglo atrás? Este es el primero de una serie de artículos que intenta revisar el concepto de perversión en el presente.



AL MARGEN DEL AMOR

Precisamente este es el significado de la palabra Parafilia, algo que está al margen del amor, ya que para hablar con más propiedad, sería conveniente utilizar el término indicado por el DSM-IV, o Manual de Criterios Diagnósticos, donde las parafilias forman parte de un cuadro más general definido como Trastornos Sexuales y de la Identidad Sexual.
Lo que en su época Freud definió como Perversión implicaba que, en una relación sexual, no se llegara al orgasmo por penetración genital con una persona del sexo opuesto, sino que el orgasmo se produjese bien quedándose en el estadio del juego previo o por medio de determinado tipo de objetos sexuales o de otras zonas corporales que no necesariamente tuviesen que ver con los genitales – de aquí que dentro de las perversiones se incluyera a la homosexualidad, y al sexo anal por ejemplo.
Tuvieron que pasar muchas décadas antes de que la homosexualidad fuese quitada del DSM y dejase de ser considerada como una conducta perversa o una enfermedad.

Dentro de las parafilias entonces, hoy nos ocuparemos del par sadismo – masoquismo, que en realidad, son dos conductas complementarias y simétricas, una caracterizada por la actividad y la otra por la pasividad.

PEGAME Y LLAMAME MARTA

¿Qué es el masoquismo? Son fantasías o impulsos sexuales o comportamientos que implican el hecho real de ser humillad@, atad@ o sometid@ a cualquier forma de sufrimiento, o sea, hablamos tanto del sufrimiento físico como del psíquico.
Podemos buscar las raíces de esa necesidad de ser sometid@ a una humillación o maltrato en tempranas épocas de la constitución de cada sujeto, pero esta conducta no aparece sola, sino que necesita su par complementario, el sadismo.
El sadismo, también se refiere a fantasías o impulsos sexuales o comportamientos que implican actos reales en los que ver sufrir, ya sea psicológicamente o físicamente al otro es sentido como sexualmente excitante.
Nuevamente, en la infancia, pueden verificarse conductas sádico/agresivas en etapas tempranas de la constitución del sujeto.
Pero mas allá de ambas definiciones, en la práctica, puede encontrarse un amplio abanico en que ambas conductas aparecen de una u otra manera en muchas relaciones vinculares, siendo un matiz que, a veces, hasta define la modalidad bajo la cual funciona una pareja.

PORQUE TE QUIERO TE APORREO

Muchas parejas, para funcionar, necesitan una cuota de ambas conductas, ya sea porque una de las variables que se pone en juego en cierto tipo de relaciones pasa por cuestiones del orden del poder – someter o ser sometid@ - o porque el par complementario actividad – pasividad se manifiesta mediante ciertas conductas o actitudes que buscan hacerse evidentes desde la pareja hacia el medio.
En estos casos, aparece una modalidad de funcionamiento que en sí, no sería perversa, siempre y cuando no traiga aparejado dolor o sufrimiento para ninguna de las partes.
En otros casos, que algunas de estas conductas se manifiesten durante el juego previo a una relación sexual agrega un condimento que prepara el terreno para una relación más plena, donde se “experimenta” o se ejercita un “como si” que aporta imaginación y hasta puede enriquecer el acto sexual mismo. Es importante que quede en claro que existe previo acuerdo en ciertas reglas, las que son parte de toda actividad lúdica.
En otros casos, ubicarse en el rol de “víctima” puede traer aparejados beneficios secundarios, como el hecho de que terceros estén pendientes de lo que le sucede a quien tanto sufre (aunque ese sufrimiento tenga un aspecto oculto de placer).


Lic Luis Formaiano
Psicólogo Clínico (UBA) – Arte Terapeuta (IUNA)
Coordinador de los Talleres de Arte Terapia para pvvs en Buenos Aires
Miembro fundador Asociación Argentina de Arteterapia