La reciente visita del Papa a España provocó una serie de airadas protestas, la Iglesia Católica siente que está perdiendo adeptos, mientras tanto no paran los escándalos que involucran a sacerdotes.
Las cosas han cambiado, pero la Iglesia Católica no se ha enterado. Si existe una institución en la que el reloj de la historia atrasa, es ésta. En esta época global donde las noticias viajan a la velocidad de la luz y donde lo privado casi ha dejado de serlo, la Iglesia se mantiene con códigos que no se condicen con la evolución cultural que se ha llevado a cabo en el mundo. Y es que en muchos aspectos, la Iglesia se ha mantenido apartada del mundo.
La sexualidad ha evolucionado y la diversidad se afianzó, el concepto tradicional de familia se modificó hasta incluir a las nuevas familias homo parentales. Pero la Iglesia sigue condenando la homosexualidad y ni que hablar de adopción de niños por parejas del mismo sexo, sosteniendo argumentos que son absolutamente fundamentalistas.
Por otro lado, siguen apareciendo causas – por abuso de menores - que involucran a sacerdotes, muchas de ellas de décadas atrás, en las que los ahora adultos se atreven a dar la cara y poner voz a sus relatos.
Tan lejos ha llegado esta institución que hasta ha negado que el profiláctico prevenga infecciones de transmisión sexual como el HIV, afirmando que el celibato es la mejor prevención. ¿Y la sexualidad placentera? Bien, gracias.
Por supuesto que estas pautas tan estrictas han provocado más de un revuelo en la conciencia de muchos creyentes, forzando a algunos a permanecer en el closet y a otros, a buscar vías alternativas de satisfacción sexual que no sean condenables (algo difícil, ya que hasta la masturbación está mal vista). Por eso me parece importante separar lo que es la Iglesia como Institución, con sus rígidas y perimidas normas y lo que es la creencia religiosa de cada uno. En realidad, si hay que rendirle cuentas a alguien es al propio Dios personal que mora en cada uno, éste puede tomar diferentes formas, puede ser la voz de la conciencia y puede llegar hasta la creencia más conmovedora, pero siempre se encuentra dentro del propio sujeto. Los sacerdotes son hombres, son seres humanos y aunque hayan hecho votos de castidad y fidelidad al Señor, no dejan de ser hombres ni seres humanos, sometidos a las pasiones y a los instintos a los que se encuentra sometido cualquier hijo de vecino.
Si algo ha de ser considerado antinatural no es la homosexualidad, sino la negación de la sexualidad, del sexo ejercido con placer y responsabilidad, del amor que dos hombres o dos mujeres le pueden profesar a quien ha sido abandonado por su madre biológica. Muchos estudios psicológicos dan por tierra con la teoría de que un varón adoptado por una pareja de hombres será homosexual o peor aún, corre el peligro de ser pervertido por sus padres. Ese pensamiento es prácticamente medieval, época donde muchas mujeres inocentes fueron quemadas por ser supuestamente brujas y pactar con el diablo. Algo de ese medievalismo aún se mantiene oculto entre las columnas de antiguas catedrales. Es importante vivir la propia sexualidad sin miedos ni culpas y sin tapujos, si es con amor mejor, sino, también está bien. El sexo es saludable y es parte de nuestra naturaleza. Las fantasías sexuales también lo son y pueden ser concretadas cuidándose y cuidando al otro. Quiero creer que nuestro Dios interno solo aspira a que seamos felices.
Lic Luis Formaiano
