jueves, 6 de enero de 2011

EL DESEO EN LA PAREJA

Cuando una pareja se ha mantenido por muchos años, las más de las veces la atracción sexual inicial parece declinar. Muchas parejas sienten que sin sexo la relación pierde intensidad. ¿Acaso el amor no alcanza? Amor y sexo, ¿entonces van de la mano? Este artículo intenta explorar estas dos variables que provocan fluctuaciones en toda pareja y que en muchos casos pueden contribuir a su disolución.

Consumidos por el fuego
Esa química tan especial que hace que una persona sea atractiva para otra, se consuma en la relación sexual. La primera pregunta que surge es: ¿tener sexo es lo mismo que hacer el amor? Creo que tener sexo puede ser visto como la satisfacción de una necesidad biológica, un desahogo, hacer el amor incluye componentes de ternura que hace que esa relación sexual sea especial y diferente de otras. Y si hacemos el amor y hay ternura, hay posibilidades de que algo germine más allá de lo físico.
En los inicios de una pareja, el sexo tiene visos de descubrimiento y exploración mutua, no solo de los gustos de nuestro/a compañer@ sino del territorio que ha comenzado a desplegarse en nuestra cama con regularidad. Ese otro cuerpo, a imagen y semejanza del nuestro, con los mismo órganos genitales que el nuestro, pero con características propias, es como un espejo en el que podemos reconocernos y reaprehendernos como sujetos.
Las primeras relaciones sexuales de una pareja se caracterizan por la frecuencia, cada noche parece querer avanzarse un capítulo más de este inmenso libro que es la vida y las particularidades de quien se ha convertido en nuestra pareja.
Paulatinamente, la pareja va incorporando elementos de su medio que la matizan y así, va creciendo y cimentándose, tejiendo una historia común donde el deseo se mantiene pero ya no es el único conector, como lo fue en sus inicios.
Este, por supuesto, no es un único modelo de inicio de pareja, hay quienes prefieren una fase de conocimiento que no involucre al cuerpo y solo despues de algún tiempo, acceden a tener una relación sexual.

Reciclaje

En un período que no puede ser definido temporalmente ya que depende de las características de cada pareja en particular, el paso del tiempo comienza a influir en el deseo. Este empieza a declinar, el amor se sostiene, la atracción sigue estando, pero las “ganas de hacer el amor” se espacian y muchas veces caen abruptamente. ¿Qué está sucediendo? Lo que era de esperarse, el deseo nunca puede sostener su intensidad de manera indefinida, necesariamente se modifica y cada uno deberá encontrar nuevas formas para seguir manteniéndolo vivo. El deseo es una fuerza de empuje, un motor, que posee tantas diversificaciones como intereses tenga el ser humano, puede focalizarse en un único aspecto durante un tiempo, pero después pide más, pide abrirse, e incorporar nuevas formas de satisfacción (en realidad es condición necesaria que encuentre satisfacción en otras áreas, sino no podrá haber crecimiento personal). Hay que reinventar el deseo por el otro/la otra, pero, por sobre todo, este tema debe ser hablado por la pareja – como cualquier otro tema que ataña a su continuidad –ya que una pareja ya que muchas veces esta disminución del deseo, imaginariamente, se percibe como una disminución de afecto.

Redescubriendo el territorio



Pero no solo el deseo sufre modificaciones, los cuerpos, el aspecto físico, también cambia y esto hace necesario “revisitarlos”, algo que se hace de a dos. Es como volver a un lugar en el que no hemos estado por mucho tiempo y clama por una nueva mirada. Encontrar la reconexión con un territorio conocido pero cuya geografía se ha modificado lleva a redescrubrirlo, con nuestras manos, con nuestros labios, y, por que no, cambiándolo de contexto. Una noche en un hotel, despues de una salida especial es una alternativa interesante. En otros casos, funciona incorporar “juguetes eróticos” que permiten instalar un espacio lúdico-sexual. Pero se haga lo que se haga, nunca hay que perder de vista que el sexo es una parte más de la relación, nunca la principal. Cuando dos vidas deciden unirse para llevar a cabo un proyecto de pareja, el amor es siempre el sostén primordial, con todo lo que trae consigo: respeto, tolerancia, capacidad de espera, comprensión.
El deseo sexual que clama por satisfacción inmediata, el “sexo express” de por vida, puede ser pensado como una compulsión que reactualiza formas de satisfacción muy primarias. Por supuesto que también es válido como modelo de vida, pero no permite “construir”, es viajar sin llegar nunca y por eso, la queja que frecuentemente se escucha sobre la sensación de vacío que en general sigue a cada encuentro. Este modelo y la incorporación de terceros a una pareja (la pareja abierta) serán tema de próximas notas.

Lic Luis Formaiano
Psicólogo Clínico (UBA) – Arte Terapeuta (IUNA)
Coordinador de los talleres de Arte Terapia para pvvs en Buenos Aires
Miembro Fundador Asociación Argentina de Arteterapia

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