jueves, 5 de abril de 2012

SEXO AL LÍMITE

Existen prácticas sexuales que pueden poner en riesgo de muerte la propia vida o la del otro. La hipoxifilia lleva la relación sexual al borde del abismo.


Esta práctica se encuadra dentro de las llamadas parafilias, término psiquiátrico que, desde 1987, reemplaza al de perversión. Una parafilia es la búsqueda del placer sexual en prácticas de diversa índole, más allá del coito y que son facilitadoras del orgasmo. Dentro de esta clasificación se incluyen también el sadismo, el masoquismo, la zoofilia, la necrofilia, etc.
Este tema generó discusión cuando se conocieron los pormenores de la muerte del economista argentino Ivan Heyn en Diciembre del 2011. En su caso, la justicia uruguaya determinó que había fallecido durante un juego sexual autoerótico, la asfixiofilia (otra denominación de la hipoxifilia). Parece dudoso que alguien que asiste a una cumbre de naciones se arriesgue a una práctica tan extrema lejos de la intimidad de su hogar.
En la relación sexual entre dos personas, el placer está determinado por obstruir la respiración normal, propia o de la pareja, ya sea mediante un semi estrangulamiento o cubriendo la cabeza con una bolsa, esto reduce el oxígeno que llega al cerebro e intensifica el orgasmo. Por supuesto que ambos deben compartir el gusto por la práctica y deben acordar determinadas señales que permitan detenerla en el momento justo.
El antecedente más temprano de muerte por asfixia erótica se registra durante el siglo XVIII, con la muerte del compositor Frantisek Kotzwara. Y entre los más recientes figura la del actor David Carradine, quien fue encontrado en el año 2009, en la habitación de un hotel en Tailandia con señales de haberla practicado.
De una u otra manera, en soledad o en pareja, la asfixiofilia está relacionada con un profundo deseo de muerte y si bien toda experiencia extrema lleva a una especie de éxtasis indescriptible, esta práctica puede ser el camino hacia el orgasmo final.
Pero una forma menos nociva – aunque no exenta de daños – de lograr orgasmos “sublimes” es la de la utilización de nitrito de amilo (popper), muy en boga desde la década del 70.
Considero que estas formas extremas de vivir el sexo conllevan un gran monto de insatisfacción, donde no solo nada alcanza en la cama, sino que tampoco nada alcanza o satisface en la vida.
Los juegos eróticos son una parte importante de toda relación sexual, pero quien no tenga experiencia en estas prácticas extremas y desee probarlas, debe conocer muy bien a la persona con las que va a experimentarlas, ya que la confianza es un factor de peso a la hora de enviar una señal que diga “ya basta” y, que en el fragor o la cercanía del orgasmo, sea comprendida por el otro. El sexo ha de ser disfrutado y conectado con la vida, con el Eros.
Lic Luis Formaiano

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