La película “Cisne Negro” (Black Swan) – actualmente en cartel - muestra el lado más oscuro de la personalidad de un sujeto, ese otro yo que convive dentro nuestro y que, cuando no lo asumimos, puede traernos funestas consecuencias.
La bailarina que protagoniza la película ha tenido una rígida educación, su madre le recuerda que ha sacrificado su carrera para tenerla, y así, no deja de pasarle factura todo el tiempo, manteniéndola en un estado de virtual inocencia, casi como una pequeña niña.
La joven es un ejemplo de castidad y buena conducta, se presenta a una audición para El Lago de los Cisnes y obtiene el papel, pero falta algo, su “cisne negro,” su lado oscuro, su otro yo. Es aquí donde la película recuerda al cine de Polanski, ya que su negación desencadena alucinaciones visuales altamente perturbadoras y excelentemente logradas por el director.
Ese otro yo, que tanto rechaza y teme experimentar, aparece encarnado en la figura de una supuesta rival con quien fantasea una explícita escena de sexo lésbico. Pero esta contra cara de su bondad, también sufre los embates de su furia, originada por no poder ser completa, integrando en sí sus aspectos luminosos y sus aspectos oscuros. Y esto la lleva a lastimar y lastimarse.
Esta integración es una tarea que a todos nos compete en algún momento de nuestras vidas. Por lo general, aquello que tendemos a criticar o resaltar negativamente en el otro, es lo que no podemos reconocer en nosotros mismos, porque de hacerlo, creemos que podría destruirnos o restarnos valor ante nosotros mismos y ante los otros. Esta es la sombra que teoriza Carl G. Jung.
El tema que plantea la película no es menor, solo que la lucha encarnizada por seguir siendo buena termina alejando al personaje de sí misma, de su entorno y de la energía vital. Aún siguiendo duros mandatos maternos o paternos, no podemos crecer y evolucionar como personas sino lo hacemos de forma completa, esto es, con nuestra luz y nuestra oscuridad.
Podemos ir un paso más lejos aún, y, a partir de este concepto, tomar la homofobia como el temor a integrar aspectos “supuestamente oscuros” de nuestra personalidad.
Y precisamente, sorprende comprobar que la homofobia se encuentra más extendida en el ambiente gay que en el heterosexual, donde de alguna manera sería más comprensible: ¿a qué “macho” le gusta admitir que podría desear a otro hombre?, pero ¿porqué un sujeto gay tantas veces critica y rechaza a sus propios pares?. En otro artículo volveré al tema de la homofobia.
Pero ahora, ampliando aún más el concepto, es importante tener en cuenta que todo aquello que no estemos dispuestos a integrar será percibido como algo extraño y censurable, no permitiéndonos sentirnos completos y realizados como sujetos. No puede haber paraíso sin infierno, y la negación sostenida de ese infierno puede ocasionar que éste irrumpa desmesuradamente en nuestra vida, como le sucede al personaje de la película, cuyo destino final no voy a revelar, ya que recomiendo ampliamente que la vean y saquen sus propias conclusiones.
Lic Luis Formaiano
Psicólogo (UBA) - Arteterapeuta (IUNA)
Coordinador del Taller de Arteterapia para pvvs en Buenos Aires
Miembro Fundador Asociación Argentina de Arteterapia

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